Perrito disfruta de un hogar luego de vivir 11 años en las calles

Después de muchos años por fin tiene un cálido hogar.

Las marcas que deja la vida en la calle se evidencian en la salud de este perro llamado ‘Solovino’, una de las más evidentes es su falta de oído. Llevaba 11 años en las calles de los Ángeles, Estados Unidos. Pero un día debido a que buscaba un sitio agradable para descansar, se acostó en las afueras de una casa.

La dueña de la casa al ver al perrito decidió a cercarse. Sin duda se dio cuenta de que su salud estaba mal trecha, así que determinó que debía brindarle una mano amiga. Acudió al santuario para animales Roket Dog, quienes acudieron de inmediato al llamado. Lo primero que hicieron fue colocarlo en un hogar de prueba para que pudiera adaptarse.

Antes de quedar en su hogar definitivo, estuvo en varios hogares que terminaban por no adoptarlo. Luego, Carol Messina, una mujer que vio su foto en internet y quiso acogerlo en su casa. Era un perro desanimado, temeroso y desconfiado.

“Tan pronto como vi su rostro en el sitio, quería amarlo… Sabía que era el destino. Luego, cuando lo conocí y vi lo desanimado que estaba, supe que se quedaría conmigo para siempre, pase lo que pase”, señaló Carol en una entrevista con el medio digital The Dodo.

Cuando ‘Solovino’ llegó a su nuevo hogar no estaba muy contento, la vida en la calle por tantos años lo marcaron al punto de ser un perro poco sociable y muy temeroso. Carol contó: «Cuando vino a vivir conmigo, mantuvo su cola entre sus patas durante meses. Era poco sociable con los perros, las personas y los gatos, se atemorizaba cada vez que alguien trataba de acariciarlo«.

Cuando Carol se dio cuenta de que Solovino no escuchaba, pudo entender su comportamiento. Sumado a eso tenía un serio problema en su dentadura, el cual fue atendido, y le dio un vuelco total a la actitud que manifestaba.

Ahora está feliz todo el tiempo, juega y hasta se hizo más sociable con las personas y otros perros. Carol lo identificó para que la gente supiera de su falta de audición, y al momento de estar en casa usa las luces para que sepa que no está solo.

Carol cuenta a The Dodo: “Las personas que viven a nuestro alrededor siempre comentan que ya ni siquiera parece el mismo perro. Ahora sonríe, da vueltas y corre al aire libre una docena de veces al día”.

Es seguro que Solovino, nunca más estará en la calle, por lo menos en el tiempo que le reste de vida, contará con una casa, cariño y los cuidados que él requiere por su condición física.

Adoptar a un perro en una condición longeva es un acto supremo de amor y empatía.

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